Siete cámaras, inteligencia artificial, GPS y monitoreo permanente permiten seguir lo que ocurre dentro de los autobuses escolares públicos. Pero un recorrido reciente revela que la tecnología no puede resolverlo todo: fuera de las guaguas, conductores y motociclistas que no respetan las señales siguen representando un riesgo.
Mucho más ocurre detrás del autobús amarillo
Cada mañana, mientras miles de estudiantes se dirigen a sus escuelas, una parte de sus recorridos se supervisa desde un centro de monitoreo. Un reportaje publicado este 13 de septiembre muestra cómo funciona por dentro el Sistema Nacional de Transporte Estudiantil (TRAE): cada autobús dispone de siete cámaras y una de ellas utiliza inteligencia artificial para observar al conductor y detectar posibles señales de fatiga o cambios en su comportamiento visual que puedan indicar un riesgo.
El sistema también vigila la velocidad. Cuando una unidad supera los 84 kilómetros por hora, se genera una alerta, mientras otras incidencias —como circular por determinados elevados o túneles donde el servicio tiene restricciones— quedan registradas para seguimiento. El centro mantiene además comunicación bidireccional con los conductores y puede revisar mediante video lo sucedido cuando recibe un reporte desde la calle o cuando ocurre un incidente dentro de una unidad.
El problema aparece cuando los estudiantes bajan
La parte más delicada del recorrido puede comenzar precisamente después de abrirse las puertas. Se documentó cómo las auxiliares deben colocarse delante de los estudiantes al cruzar vías concurridas y esperar que el tránsito se detenga. En el recorrido observado, no todos los vehículos respetaban la señal de alto del autobús, y se identificó particularmente el comportamiento de algunos motociclistas como una dificultad para realizar los cruces de manera segura.
TRAE funciona mediante rutas que pueden atender a estudiantes de varios centros educativos, en lugar de asignar necesariamente un autobús a cada escuela. Los recorridos comienzan temprano, y las auxiliares tienen responsabilidades que van desde comprobar los cinturones hasta ayudar a subir, bajar y cruzar a los estudiantes. El programa fue diseñado precisamente para ofrecer transporte gratuito y seguro y reducir las barreras que dificultan la asistencia escolar.
Casi 1,900 autobuses conectados a un centro de control
La infraestructura tecnológica no surgió de manera improvisada. El Gobierno inauguró en 2025 un Centro Georreferenciado de Control y Monitoreo 24/7 preparado para supervisar una flota de 1,871 autobuses. Además de GPS y cámaras, el sistema utiliza herramientas analíticas para detectar comportamientos de riesgo. En julio de 2026, Educación agregó otras seis unidades eléctricas para reforzar rutas del Distrito Nacional y Santo Domingo Este, equipadas también con cinturones individuales, geolocalización y vigilancia por cámaras.
La tecnología puede detectar velocidad, distracciones e irregularidades, pero el episodio documentado en las calles deja una conclusión importante: la seguridad del transporte escolar también depende de quienes circulan alrededor de los autobuses. Respetar la señal de parada y permitir que un grupo de estudiantes atraviese una vía puede resultar tan decisivo como cualquier cámara o algoritmo instalado dentro de la unidad.
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