Más de 20,000 personas llegaron a Buñol para participar en La Tomatina 2026, una batalla callejera donde la munición son tomates demasiado maduros para comercializarse. Hay camiones cargados de fruta, un cañonazo que inicia la guerra y una regla imprescindible: antes de lanzar un tomate hay que aplastarlo.
Buñol volvió a pintarse completamente de rojo
El pequeño municipio español de Buñol, en Valencia, volvió a transformarse esta semana en escenario de una de las celebraciones más peculiares del mundo. La Tomatina 2026, celebrada el miércoles 26 de agosto, reunió a miles de personas que durante aproximadamente una hora se arrojaron tomates hasta convertir calles, camisetas, paredes y participantes en una enorme masa roja.
La organización había preparado hasta 165 toneladas de tomates demasiado maduros, transportados en camiones que recorrieron las estrechas calles del municipio mientras los participantes esperaban literalmente a que comenzara el bombardeo. Más de 20,000 personas estaban previstas para participar este año y alrededor del 40 % procedían del extranjero, evidencia de cómo una fiesta local terminó convertida en producto turístico internacional.
Sí, hay que pagar para terminar cubierto de tomate
Participar no consiste simplemente en aparecer en Buñol con una camiseta vieja. El acceso está regulado y las entradas generales cuestan alrededor de 15 euros. La limitación de aforo se introdujo después de que la popularidad del evento comenzara a saturar un municipio que apenas tiene alrededor de 10,000 habitantes.
Existe también un conjunto de reglas destinadas a mantener la batalla dentro de lo razonable. La principal parece diseñada precisamente para evitar que una divertida guerra de comida termine en visita al médico: los tomates deben aplastarse antes de lanzarlos, reduciendo así la fuerza del impacto. Los participantes tampoco pueden llevar objetos que puedan causar lesiones ni romper deliberadamente las camisetas de otras personas.
Todo comenzó con una pelea improvisada en 1945
La versión más aceptada sobre el origen de La Tomatina sitúa el comienzo en 1945, cuando jóvenes que participaban en una celebración local terminaron utilizando tomates de un puesto cercano durante una pelea improvisada. Lo que comenzó como desorden callejero se repitió al año siguiente y poco a poco evolucionó hasta convertirse en tradición.
La fiesta llegó incluso a estar prohibida durante la dictadura de Francisco Franco, pero sobrevivió y recuperó fuerza posteriormente. A partir de los años ochenta la cobertura de televisión internacional ayudó a convertirla en un fenómeno global. Hoy llegan participantes desde Asia, América, Europa y otras regiones únicamente para experimentar algo que, descrito fuera de contexto, suena bastante absurdo: volar miles de kilómetros para recibir tomates en la cara durante una hora.
Bollywood ayudó a llevar todavía más turistas
Entre los visitantes internacionales ha crecido especialmente la presencia de turistas procedentes de India. Associated Press señala que parte de ese interés se disparó después de que la película de Bollywood Zindagi Na Milegi Dobara, estrenada en 2011, incorporara una escena inspirada en La Tomatina.
El resultado demuestra cómo cine, redes sociales y turismo experiencial pueden transformar una costumbre local. Para Buñol, La Tomatina ya no es únicamente una fiesta del pueblo: es una marca turística conocida mundialmente que llena alojamientos, restaurantes y transporte durante los días previos al evento.
Después del caos viene algo inesperado: las calles pueden quedar más limpias
Cuando suena el segundo cañonazo termina oficialmente la batalla. Entonces comienzan las duchas públicas, las mangueras y las labores municipales de limpieza. Curiosamente, el ácido presente en los tomates ayuda a eliminar suciedad de determinadas superficies, por lo que las calles pueden terminar sorprendentemente limpias después de retirar toda la pulpa.
Para los participantes, sin embargo, queda otro problema: sacar tomate del cabello, zapatos, orejas y prácticamente cualquier rincón imaginable. Esa mezcla de caos controlado y humor explica probablemente por qué la fiesta continúa creciendo más de ocho décadas después. Hay muchas maneras de promocionar un destino turístico; Buñol eligió llenar varios camiones de tomate y convertirlos en munición.
Volver a noticias