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Ciencia

¿Así terminará nuestro Sistema Solar? Científicos descubren dos misteriosos anillos alrededor de una estrella muerta

28 octubre 2026 Publicado por Leonel Marzán 5 min de lectura
¿Así terminará nuestro Sistema Solar? Científicos descubren dos misteriosos anillos alrededor de una estrella muerta

Un descubrimiento astronómico está ofreciendo nuevas pistas sobre lo que podría ocurrir cuando nuestro Sol llegue al final de su vida. Investigadores del Observatorio Europeo Austral identificaron dos anillos de restos planetarios alrededor de una estrella muerta, una estructura nunca antes observada con estas características. Los científicos sospechan que dos cuerpos celestes sobrevivieron a la destrucción de su sistema planetario y todavía influyen en los escombros que los rodean.

Una estrella muerta revela un descubrimiento que sorprende a los astrónomos

Un equipo internacional de astrónomos anunció el 27 de octubre de 2026 el descubrimiento de una estructura extraordinaria alrededor de J1328−1450, una enana blanca ubicada en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Utilizando el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), instalado en el desierto de Atacama, Chile, los investigadores identificaron dos anillos concéntricos de restos planetarios separados por un espacio claramente definido. El hallazgo representa una novedad porque, hasta ahora, los discos de escombros estudiados alrededor de estrellas muertas habían mostrado estructuras mucho más simples. La investigación, publicada en la revista científica Nature Astronomy, proporciona nuevas evidencias sobre los procesos que ocurren después de que una estrella similar al Sol agota su combustible y atraviesa las últimas etapas de su evolución. El sistema observado contiene materiales que podrían proceder de antiguos planetas destruidos, pero también presenta indicios de que algunos cuerpos celestes lograron sobrevivir a la transformación de su estrella. Esta combinación convierte al descubrimiento en una oportunidad excepcional para comprender cómo pueden evolucionar los sistemas planetarios durante miles de millones de años.

Dos cuerpos celestes podrían haber sobrevivido a la destrucción de su sistema planetario

Uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento es la posible presencia de dos planetesimales, cuerpos sólidos que podrían representar restos de antiguos sistemas planetarios y que continúan orbitando alrededor de la estrella muerta. Según las estimaciones del equipo científico, uno de estos objetos tendría un tamaño comparable al de un asteroide de algunos kilómetros de diámetro, mientras que el segundo podría alcanzar dimensiones similares a las de Plutón o incluso a las de la Luna. Los investigadores consideran que ambos cuerpos podrían estar contribuyendo a mantener la separación entre los anillos mediante sus interacciones gravitacionales y con el material que los rodea. Felipe Lagos-Vilches, investigador vinculado con la Universidad de Warwick y la Universidad Técnica Federico Santa María de Chile, explicó que la estabilidad de la estructura resulta especialmente interesante porque los dos anillos permanecen claramente separados. Sin embargo, es importante aclarar que estos posibles cuerpos supervivientes no han sido fotografiados directamente como planetas individuales. Su existencia se plantea como una explicación científica de la distribución y el comportamiento del material observado, por lo que serán necesarias nuevas investigaciones para determinar con mayor precisión sus características.

El telescopio detectó restos de materiales que también existen en nuestro planeta

Para estudiar la estrella J1328−1450, los científicos utilizaron X-shooter, un instrumento especializado del Very Large Telescope que permite analizar la luz procedente de objetos astronómicos y determinar la composición química y el movimiento de determinados materiales. Las observaciones revelaron la presencia de calcio, oxígeno, magnesio y hierro en los escombros que rodean la enana blanca, elementos asociados con materiales rocosos presentes también en nuestro Sistema Solar. El análisis mostró además diferencias entre los dos anillos: el interior contiene una cantidad importante de magnesio, mientras que el exterior presenta una proporción considerablemente menor. Esta variación podría indicar que los restos proceden de dos cuerpos planetarios con composiciones distintas. Otra posibilidad es que representen materiales originados en diferentes regiones de un mismo objeto, como su corteza y sus capas internas. Los científicos también identificaron velocidades diferentes en el gas de ambos anillos, una característica fundamental para demostrar que no se trata simplemente de un disco uniforme. Las mediciones espectroscópicas proporcionaron así las principales evidencias que permitieron reconstruir la estructura del sistema, aunque todavía quedan interrogantes sobre la procedencia exacta de los materiales y los procesos que mantienen los anillos.

¿Qué ocurrirá cuando el Sol llegue al final de su vida?

El descubrimiento tiene una importancia especial porque la estrella estudiada representa una etapa evolutiva que nuestro propio Sol alcanzará dentro de aproximadamente cinco mil millones de años. Cuando una estrella de masa semejante a la solar comienza a agotar el combustible de su núcleo, experimenta profundas transformaciones que pueden incluir una expansión considerable durante su fase de gigante roja. En ese proceso, los planetas más cercanos pueden quedar destruidos o ser engullidos, mientras que otros cuerpos ubicados a mayores distancias podrían sobrevivir, aunque sus órbitas y condiciones cambien. Finalmente, la estrella expulsa sus capas externas y deja un núcleo extremadamente denso conocido como enana blanca. El sistema J1328−1450 ofrece una posible representación de algunos de los acontecimientos que podrían producirse después de esa transformación. Sin embargo, los astrónomos no afirman que nuestro Sistema Solar terminará necesariamente con dos anillos idénticos ni que la evolución de todos los planetas pueda deducirse directamente de este hallazgo. Lo que demuestra la investigación es que los restos de antiguos sistemas planetarios pueden conservar estructuras mucho más complejas de lo que se pensaba, incluso después de la muerte de su estrella central.

Un hallazgo que abre nuevas preguntas sobre el destino de los planetas

La investigación fue dirigida por Nicola Gentile Fusillo, de la Universidad de Trieste, Italia, con la participación de especialistas de diferentes instituciones europeas. Los resultados fueron publicados en Nature Astronomy, una revista científica especializada en investigaciones astronómicas y planetarias. Para los autores, el sistema observado demuestra que la destrucción de una estrella no implica necesariamente la desaparición inmediata de todos los cuerpos que alguna vez la acompañaron. Algunos objetos podrían permanecer orbitando durante largos períodos y continuar interactuando con los escombros procedentes de otros mundos. Este tipo de observaciones también permite estudiar indirectamente la composición de antiguos planetas, incluso cuando estos ya no existen como estructuras reconocibles. Las futuras investigaciones deberán determinar si los dos anillos representan un fenómeno excepcional o si estructuras semejantes permanecen ocultas alrededor de otras enanas blancas. Aunque el descubrimiento ocurrió a enormes distancias de nuestro planeta, su importancia científica está relacionada con una pregunta universal: qué sucede con los mundos que orbitan una estrella cuando esta llega al final de su existencia. El sistema J1328−1450 podría contener una parte de esa respuesta y ofrecer nuevas pistas sobre el futuro lejano del Sistema Solar.

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